miércoles, 27 de junio de 2012

Excursión al monte Dobra en 1924




        Los primeros pobladores de este lugar vivían en la falda del venerado monte Dobra cuando las aguas lo inundaban todo. Las costumbres paganas  utilizaban altares donde ofrecer sacrificios a los dioses. El ara al dios Erudino, datado en el año 399 y encontrado en 1929 por Hermilio Alcalde del Río, así lo atestigua. Al retirarse  a sus cauces estas aguas, nace una fértil vega que da origen a nuevos asentamientos. Así aparece una pequeña aldea que se configura, más tarde, cerca del castillo de los señores de la Vega. El castillo, la iglesia y la plaza conformaban el todo y la nada.  Pero aquellas gentes nunca dejaron de mirar a El Dobra.             Para muchos era su divinidad para otros algo mágico. Más adelante El Dobra cala profundamente en la idiosincrasia de los torrelaveguenses creando una relación intensa y afectiva. Por ello son frecuentes, año tras año,  las excursiones al monte Dobra. Una de ellas se celebró hace casi 100 años, en 1924. En las inmediaciones quedaron los jóvenes de la localidad y para celebrar la efemérides “se retrataron”.  En la fila de atrás, de izquierda a derecha,  aparece José Luis Ceballos con sombrero, Luis Guerra, X, X, X, X, X, X, Alfredo Díaz, Antonio Mesones, X, Eladio Mesones y un niño. En la siguiente fila: Milagros Fernández con collar y cachaba, Marina Macho, Cristina Muñoz, Julio Acha, Flora Pérez, María Luisa Molleda, Julia Abascal, Maria Sánchez, Catalina Sánchez, Fe Ruiz de Villa, Maria Luisa Abascal, Sebastiana Sánchez, Luisina Sánchez, Pedro Campuzano, Paquita Mesones con gorra y de perfil, X, Luis Ceruti Fernández asomando la cabeza y X. En el centro dos chicas solas: Julita Sánchez y Emilia Pérez. Cinco tumbadas al lado de ellas: Amanda Fernández, Conchas Mesones, Conchita Pérez, Clotilde Fernández y Esperanza Ruiz de Villa. Tendido en el suelo Jacobo Díaz y a su lado sentado y con una cachaba José Luis Campuzano. Seguro que un día inolvidable, como los nuestros.

martes, 19 de junio de 2012

Pedro Lorenzo Molleda, comerciante y alcalde republicano



Fue comerciante, republicano y radical. Pedro Lorenzo era hijo de Agustín Lorenzo Gil y de Valentina Molleda Ugarte. Su madre se casará, en segundas nupcias, con su primo Gerónimo Ugarte.

La madre de nuestro alcalde, Valentina Molleda, había nacido el 19 de abril de 1873 en La Barquera, que pertenecía en esta época a Torres al igual que Mijarojos. Era hija de Pedro Molleda natural de Cartes y Anastasía Ugarte nacida en La Barquera y  hermana del industrial del gremio del calzado José Molleda Ugarte[1] dos años mayor que ella y que tiene post propio en este blog. Sus abuelos paternos fueron José Molleda natural de Píe de Concha y  Valentina Saiz González natural de Santiurde y vecina de Cartes; y sus abuelos maternos Genaro Molleda de Torres, Torrelavega y Ana María Saiz Cuetos nacida en La Barquera.

El matrimonio  entre Agustín Lorenzo y Valentina Molleda tuvo tres hijos: Alfredo, Ricardo y Soledad. Todos se educaron en un ambiente culto donde los libros y la pintura ocupaban un lugar privilegiado. Rodeados de libros y cuadros de famosos escritores y pintores de su tiempo. Pedro Lorenzo fue amigo de muchos de los intelectuales de la época y  uno de los impulsores de La Biblioteca Popular (1927-1937).

 Decía de él, el escritor y director de La Voz de Cantabria, José del Río Sainz, “Pick”, que “….bajo cuyo rostro inteligente que completan unas gafas de concha …. Cuya biblioteca y colección de cuadros dicen bien claramente todas las posibilidades de cultura y de gusto que hay en él”.
Posiblemente el más internacional de los pintores torrelaveguenses, Eduardo López  Pisano[2], con blog propio en este blog,  fue uno de sus artistas protegidos. El primero de sus hijos continuó en el negocio que su tenía su padre  en la Plaza de abastos. Ricardo fue un afamado arquitecto y su hija pequeña, Soledad[3], una de las mejores galerista de España. 

Pedro Lorenzo Molleda fue el cuarto alcalde en la segunda república  Antes lo fueron: José Mazón Samperio en 1931, Joaquín Fernández[4] en 1933 y Ramón Teja en 1935. Fue aclamado como alcalde con la victoria del Frente Popular el 14 de abril de 1936 tomando  posesión a los tres días. Permanece en el cargo hasta que el día 7 de octubre de 1936  le sucede Germán Marcos Venero. Perseguido en la guerra incivil se refugia en Barcelona donde pasa una larga temporada.




[1] Para más información ver http://www.torrelavegantigua.com/2012/05/jose-molleda-ugarte.html
[2] Para más información ver http://www.torrelavegantigua.com/2013/02/eduardo-pisano-pintor-de-montparnasse.html
[3] Elegida Torrelaveguense Ilustre por el grupo de opinión Quercus en 2006.
[4] Para más información ver http://www.torrelavegantigua.com/2013/01/joaquin-fernandez-herreros-cantero-y.html

martes, 12 de junio de 2012

Matadero, bodega y carnicería en 1835




Las inspecciones que se realizaban en aquellos años sobre las instalaciones públicas no eran demasiado frecuentes. Contaba el concejo de Torrelavega, en 1749, con un “Hospital, con una Real Cárcel y con una taberna y un matadero-carnicería”. El secretario de la Duquesa del Infantado, Gaspar de Ceballos Barreda,  era el que solicitaba las inspecciones. El inspector  Manuel Valentín Campuzano. Ambos pertenecientes a linajes de la jurisdicción de Torrelavega. En ese año el inspector visitó la taberna y la carnicería. Para esta última concluyo: escaso aseo y limpieza en el sitio donde se matan y se pesan carnes, por haver como havía muchos Huessos, sangre en el suelo y Broza. Por lo tanto estos establecimientos públicos no estaban en las mejores condiciones para abastecer a los habitantes de aquel lugar. Noventa años después confeccionan un plano de “Planta y alzado del matadero, bodega y carnicería vieja de la villa de Torrelavega. El alzado que se presenta es suficiente para formar juicio del estado actual del Matadero, carnicería y Bodega” …. El plano, en acuarela en colores y tinta, pertenece al pleito entre Manuel de la Revilla y el concejo de Torrelavega, por la anulación de la venta de unos terrenos. Real Audiencia y Chancillería de Valladolid.

martes, 5 de junio de 2012

La Caja de Ahorros del Círculo de Obreros Católicos 1903



Una de las primeras cajas de ahorro que existieron en Torrelavega fue la del Circulo Católico de Obreros. Por su valor histórico, ya más de cien años, he creído conveniente hacer una breve reseña de la misma.
El día tres de febrero de 1903 se aprueba el Reglamento de la Caja de Ahorros del Círculo Católico de Obreros de Torrelavega. Había convocado reunión la junta directiva con objeto de aprobar  el reglamento por el que se iba a regir la caja de ahorros de esta sociedad. Se celebró en el local que poseía el Circulo Católico en Torrelavega.
Dirigió la reunión su presidente Raimundo de Miguel, actuando como secretario José María Ortiz. Se pretendía " inculcar a los obreros y a los niños la virtud del ahorro” y lo hacían como complemento a la educación que recibían en los centros escolares.  Las operaciones de la caja de ahorros estaban limitadas a recibir y devolver las cantidades que en ella se imponían. El procedimiento era el siguiente. Al final de cada año, el saldo de cada miembro era depositado en la Caja de Ahorros del Banco Mercantil de Santander. Más adelante, cuando ya estaba operativo el Banco de Torrelavega en 1920, será en este banco donde se iban a depositar muchos de los ahorros de los socios de esta sociedad. No hay que olvidar que un consejero y vicepresidente del Banco de Torrelavega, Ramón Miguel y Crisol, iba a ser presidente del Círculo de Obreros Católicos. Para favorecer esta práctica del ahorro, el Circulo Católico donaba una peseta a cada uno de sus socios, con la sola obligación de no retirarla ni de la Caja de ahorros del Círculo ni del banco donde estaba depositada, por un periodo mínimo de cinco años.
Está fijado, en el artículo número diez del reglamento de la caja de ahorros, que después de la misa de once y en el local del Circulo Católico, el administrador iría recogiendo las cantidades que le entregaran, desde cinco céntimos en adelante. Aceptando que las devoluciones se realizaban al domingo siguiente a aquel en que fueran solicitadas a no ser que se pidiera, con carácter de urgencia.
Para más información ver el libro El Banco de Torrelavega 1920/1942 del mismo autor que este blog.