martes, 18 de octubre de 2016

El Cristo Yacente de la iglesia de la Asunción






            En Memoria de Carlos Gómez Blázquez sacerdote que se ordenó en esta iglesia de Nuestra Señora de la Asunción el día 24 de diciembre de 1954.

Los Orígenes

            Desde la Alta Edad Media este valle donde se asienta Torrelavega se llamó las Asturias de Santillana"[1]. Era el lugar un Concejo de hombres libres regidos  por diferentes cargos que se elegían por votación el día uno de enero de cada año. El de La Vega y otros concejos fueron sometidos a la jurisdicción de la Casa de la Vega, más adelante de los marqueses de Santillana y duques del Infantado. Durante los siglos XIV y XV se llamó Mayordomado de la Vega, formado por los concejos de Campuzano, Dualez, Barreda, Ganzo, Cohicillos, La Montaña, Lobio, Tanos, Polanco, Pando, Torres, Viérnoles y La Vega, además de la Honor de Miengo[2]. Ya en el siglo XIX, con la desamortización, está estructura quedó formada por "tres o cuatro" ayuntamientos, hasta 1885, año en que se constituye el ayuntamiento de Torrelavega, tal como hoy lo conocemos.

            La Casa de la Vega se asentaba en un complejo defensivo al que rodeaba un foso inundado por las aguas del río Sorravides, de modo que el único acceso era un puente levadizo. El Palacio de la Vega, también llamado Castillo de la Vega, estaba formado por tres amplias torres con almenas y la iglesia de Santa María, todo "cercado de murallas a cal y canto"[3]. (La desaparición de esas murallas y esos fosos dará origen a la Plaza del Grano). Alrededor del Palacio se extendía una aldea agrícola, formada por barrios pequeños de dos a siete casas, cuyos nombres eran: Tras la Torre, El Majuelo, La Puebla, El Nogal, El Regato, La Calleja, La Plaza, Los Corrales, El Hospital, La Veguía y La Quebrantada.

            Según el codicilo de Gonzalo Ruiz de la Vega[4], en el siglo XIV los señores de la Vega construyeron una capilla en su palacio, “destinada al uso de los moradores y a los pocos vecinos de la población. Anteriormente, la primitiva iglesia parroquial se hallaba en el lugar de Pando, correspondiente al señorío del monasterio de Oña”[5]. Tiempo después, la capilla de la Casa de la Vega sufrió una transformación, añadiéndose dos naves más, la central y la de la epístola.

            Hasta 1810, año en que entró en funcionamiento el cementerio de Geloria, los enterramientos se realizaban en este templo y en “un corral junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación”, nombre este, y también "la Vieja",  que corresponde en el siglo XIX a la antigua iglesia de Santa María[6].


Interior de la iglesia de Santa María


            Cuarenta años después, en 1850, debido al mal estado de sus estructuras, se emprende la reparación de este templo, porque “aparte de ser poco decente, está amenazando desmoronarse un día de tormenta”[7], y se aprovechará la circunstancia para realizar también una ampliación. El permiso para realizar la obra fue concedido por el abogado Nicanor Díaz de Labandero[8], Administrador del Duque de Osuna, a quien pertenecía esta iglesia. Era hijo de Pedro Alcántara Diaz de Labandero, natural de Aguilar de Campoó, que fue Ministro de Hacienda de 1836 a 1838. Su hijo Nicanor que vivía en Torrelavega, donde falleció el día 5 de marzo de 1856, además de abogado era intendente de provincias. Sus restos, junto a los de su hermano Joaquín Díaz de Labandero Cuadrillero, reposan en el cementerio de Geloria.

            "Se encargó el proyecto al arquitecto Manuel Gutiérrez Vélez, previó informe del arquitecto de la Academia de Nobles Artes de San Fernando José Moreno Texeira" que dibujó un plano “para una iglesia de arquitectura sencilla y elegante, edificio de absoluta necesidad en la Villa”. Las obras  empezaron en 1852, finalizándose seis años después. Se agregó una nueva nave, destruyendo el muro norte y ocupando los huertos que estaban junto a la Torre de la Vega. Actuaron como maestros canteros, Joaquín García del Rivero y Pedro García Quijano, y como maestro carpintero, Juan García de los Salmones. 

            Más adelante, concluyendo el siglo XIX, comienzan las obras de construcción de una nueva iglesia, la de Nuestra Señora de la Asunción.




Restos del Castillo de la Vega


 

***

 

            La villa de Torrelavega en el siglo XVIII, dibujada por la confluencia de los ríos Saja y Besaya,  estaba situada a 5 leguas de Santander y a 2 de Santillana del Mar. La formaban poco más de 100 casas, asentadas en muy pocas calles y contaba con varias construcciones religiosas. La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Consolación, “servida por cuatro curas que nombraba el duque del Infantado”[9] y la ermita de San Jorge, en la casa de los Ceballos.

            La Plaza del Cantón que estaba separada del centro por un pequeño riachuelo que más adelante se denominará río Indiana cambió de nombre, pasó a denominarse de San Bartolomé por encontrarse junto al camino que conducía a la ermita, situada en el cerro del mismo nombre.

            Existían en la Villa otras dos ermitas: la de San José y la de Nuestra Señora del Rosario. La ermita de San José, que aparece en el plano de Hilarión Ruiz Amado de 1852, estaba situada, hasta 1873, en lo que hoy es la confluencia de la calle del mismo nombre con las del Limbo y de Alonso Astúlez. Fue fundada con capellanía por Pedro de Barreda Benito y Catalina Sainz de Villanueva. Por último, en Ganzo todavía se conserva la ermita de Nuestra Señora del Rosario, situada en la casa de los Castañeda. El papa Pío IX concedió, el día 7 diciembre de 1846, el privilegio perpetuo de Altar de Anima a esta ermita.


Casa en la Plaza Mayor donde se aloja el ayuntamiento en 1860


            Un nuevo camino abierto en 1753 para las lanas y convertido en harinero, que desde Reinosa al puerto de Santander discurrió por esta Villa, “estimula el desarrollo de la provincia y consolida y orienta a Torrelavega”[10]. Según el Catastro del Marqués de la Ensenada, de 1753, a mediados del siglo XVIII la villa de Torrelavega “contaba con tres casas de molino que muelen con agua del río Besaya, y que está poblada por sesenta y tres vecinos enteros y treinta viudas que componen quince, y que está formada por noventa y cinco casas, incluido el palacio del Duque del Infantado, y que hay una casa que sirve de hospital”.

            Sesenta y tres años después, en 1816, se establece un padrón de “vezinos estantes y habitantes que tiene esta parroquia”, referido no solo a la Villa, sino a todas las parroquias que formaban la jurisdicción de Torrelavega. Los vecinos contabilizados en la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación y pertenecientes a la villa de Torrelavega, ascendían a 84[11]. Como vemos todavía muy pocos feligreses.

            Tres años más tarde acontece un hecho trascendental para este lugar y sus moradores. En 1853 se inician los trabajos para la construcción de una de las “fabricas” más importantes de la zona, la Real Compañía Asturiana de Minas. Este hecho por sí solo acelerará, en gran medida, el proceso de transformación de la Villa, marcando un antes y un después. Finaliza aquí la etapa de “cruce de caminos” y comienza la que dará mayor esplendor a esta Villa primero y ciudad después: la etapa industrial.

            Los orígenes de la implantación de la industria en la villa de Torrelavega los encontramos en la promulgación del Reglamento de Libre Comercio de 1778. Este hecho es uno de los factores que más van a contribuir a la localización de fábricas en Torrelavega. Solo al año siguiente de la promulgación de este Decreto, José Zuloaga decide instalar una fábrica de harinas. Cinco años después, en 1784, otras dos en Barreda; y al año siguiente, una fábrica de cerveza.

            La segunda oleada industrial, la de 1844, coincide con otro periodo de gobierno liberal en Madrid. Toda la prensa hace llamamientos para poner en marcha fábricas bien de nueva construcción o que habían dejado de producir. Esta sugerencia llega hasta los Pirineos franceses, allí vivían varias familias que van a tener una relación importante con el desarrollo de Torrelavega. Nos estamos refiriendo a los Etchart, a los Mendicouague y a los Sollèt[12].






La Quebrantada


              Más adelante, Carlos IV va a favorecer la expansión de esta industria mediante una disposición en la que, modificando la anterior Cédula de Carlos III, decreta la libertad económica y reduce de una manera clara  los impuestos. Estas ventajas hacendísticas van a ser decisivas para que se produzcan movimientos migratorios que partiendo del sur de Francia penetren por los pirineos.

 

 Torrelavega en el cambio de siglo

 

            La transformación  económica y social a la que se ve sometida la villa de Torrelavega en el cambio de siglo es, cuando menos,  llamativa. Cuando pasa en 1895, de Villa a Ciudad, comienza un periodo trascendental para este lugar. Sin duda será el primer tercio del siglo XX la etapa más importante en la historiografía económica y social de esta localidad. El comercio es pujante y la industria floreciente. Hasta llegar a un punto en que se convierte en un centro comercial con una influencia palpable en toda la antigua provincia de Santander “llegando a rivalizar en algunos momentos con la capital en dinamismo económico y aspiraciones sociales”[13].

            El Mercado de los Jueves constituye uno de los motivos más importantes en su desarrollo económico a lo largo del siglo XIX y buena parte del XX. Sin su existencia, primero, y la de la Feria de Ganados, después, no se podría explicar la trasformación de Torrelavega.






El Mercado de los jueves




            Históricamente, existía una importante tradición ganadera que con el paso de los años se convertirá en un centro ganadero de primera magnitud. Será con la Real Cédula de 1 de septiembre de 1767, en tiempos de Carlos III, cuando se concede a Torrelavega un mercado semanal franco y libre, que por diversos motivos, no entró en funcionamiento hasta 1799.  Otros hechos ganaderos importantes de la época fueron la introducción de la vaca pinta holandesa en 1878 y la creación de las ferias de Santa Isabel, Santa María y la de San Juan. Otro acontecimiento comercial importante se produce el día 19 de febrero de 1842, cuando el Ayuntamiento hace una lectura “amplia y generosa” de la Real Cédula de 1767 al plantear a las autoridades competentes la celebración, el primer jueves de cada mes, de una feria de ganado en la Llama. Será el día 14 de noviembre de 1844 cuando se celebre la primera feria de ganado. Aproximadamente movía cerca de tres millones de pesetas/año y provocaba unas ventas en torno a diecisiete mil cabezas de ganado y año.

             

            Cuando en 1866 se concluye la construcción del ferrocarril de Isabel II que enlaza Alar de Rey con Santander, pasando por Torrelavega, se dará un paso importante en el crecimiento económico y social de esta zona provocando una transformación urbana, sin precedentes, y un aumento considerable de la población.

            El desarrollo industrial va a alcanzar, en estos años, su máximo esplendor. La Real Compañía Asturiana de Minas y la empresa Solvay & Cía, que comienza su construcción en 1904 y que inicia su producción cuatro años más tarde, destacarán sobre las demás. La conexión entre la mina de Reocín y el puerto de Requejada mediante la construcción de una vía férrea, influyó, también, en el crecimiento económico de la zona, provocando el asentamiento de nuevos pobladores. A la vez aparecen, aprovechando las sinergias de estas instalaciones, un número  significativo de talleres alrededor de una industria boyante. Por sectores, sin lugar a dudas, destacan las industrias lácteas, las de la piel y las metalúrgicas.

 

            Dentro del primer sector destacamos a  La Granja Poch que comienza su andadura en 1914; Queserías Reunidas S. A. y la Sociedad Industrias Lácteas. Las fábricas de calzados y zapatillas tuvieron un gran desarrollo. Dos de ellas serán gerenciadas por José Molleda Ugarte[14] y Santiago Sañudo Solórzano[15]. Además se crearon otras fábricas de calzados como las de “Hijo de Manuel Gutiérrez”; la fábrica de zapatillas de “Sucesores de Moreno Luque, Diaz y Alvarez”; la fábrica de calzados de “Ramón Peña” y la de “Pedro Sañudo” entre otras. Tendrán, además, mucho relieve dos importantísimas fábricas de curtidos, Tenerías Francesas, propiedad de dos industriales de entidad, Alexis Etchart y  Valentín Sollet Alonso. También toma importancia el sector metalúrgico destacando la fundición de Pascual Alonso; los Talleres Obregón que comienzan su andadura en 1910, y cinco años después, los Talleres de Casto Arce.

 

            La actividad agrícola de la zona era similar a la de otros lugares. La instalación de La Azucarera Montañesa en 1898/1899, en el lugar donde antes estuvo instalada la fábrica de algodón del Duque del Infantado, hace posible que se modifique parte de la actividad agrícola de la zona pasándose a cultivar remolacha. El cierre, por falta de rentabilidad del negocio, provocó una significativa crisis laboral.


Escritura de constitución del Banco de Torrelavega


 

            Al sector financiero le ocurre lo mismo que a los demás. Poco a poco se van creando  nuevas estructuras económicas que darán empaque a una ciudad en pleno despegue. En los comienzos de siglo, en 1900, se instala en la calle José Felipe Quijano la sucursal del Banco Mercantil de Santander. En 1917 se traslada a la calle Barón de Peramola, a la casa que tenía el notario Mariano Muñiz y Castaño frente al Círculo de Recreo. Tres años después, en 1920,  se constituye El Banco de Torrelavega. Esta escasa presencia de bancos en una población que ya había iniciado el despegue se verá compensada, al igual que en toda España, por la existencia de las Casas de la Banca. Mientras que en los países cercanos, el número de bancos que operaban eran numerosos, por el contrario, en España eran llamativamente escasos. Este déficit se contrarresta por la existencia en España de las “Casas de la Banca”. Estas entidades menores, que suplían la carencia de los bancos, eran regentadas por comerciantes e industriales. Tuvieron “Casas de la Banca” en Torrelavega, César Campuzano Ruiz[16] (1918-1923), E. Cabrillos (1922-1923), Isidro Diaz-Bustamante Blanco[17] (1922-1923) y Alejo Etchart (1918-1923).


             Deportivamente hablando, y desde 1907, todo giraba alrededor de la Sociedad Gimnástica y el Teatro Hoyos hasta que en 1920 comienzan las obras de El Malecón, un magnifico campo de futbol con importantes pistas de atletismo[18].

 

            La transformación  urbana y el aumento de la población aconsejaron  mejorar la vida de nuestros convecinos. Se construyen  nuevas casas y se ordenan las  calles y plazas existentes, alcanzando su punto álgido con la llegada de la luz en 1895 y la instalación del primer teléfono público en 1912. Un año antes hubo necesidad de un recinto donde ubicar permanentemente diversos comercios para suministrar alimentos a una población que no dejaba de crecer. Por ello en 1912 se inaugura la Plaza de Abastos. Pero es, sin lugar a dudas,  la Traída de Aguas que se inaugura en 1907, es el avance más significativo para la calidad de vida de aquellas gentes.






Compañía Eléctrica Montaña


 

            Gran parte de la actividad cultural se produce alrededor de una  sociedad que se había creado en 1861 con objetivos lúdicos, El Circulo de Recreo. Posteriormente, ya en el siglo XX, se inaugurará, en 1902,  El Teatro Principal. En 1912 comenzará su andadura La Banda de Música. La afición por las agrupaciones musicales, muy arraigadas en estos lares, origina el nacimiento, en 1925,  de  La Coral. Y llegamos a  1927, cuando un grupo de inquietos convecinos crea La Biblioteca Popular. Allí estaban, entre otros, los inolvidables Gabino Teira, Ricardo Lorenzo y Ramón Miguel y Crisol[19].

 

            La educación giraba sobre las Escuelas Públicas que estaban ubicadas no solo en la Villa sino que se extendían por cada uno de los pueblos que componen el término municipal y, también, sobre el colegio de  Sacrès Coeurs[20].

                En el segundo tercio del siglo XIX son expulsadas las órdenes religiosas de Francia. Este hecho y las gestiones del párroco, Ceferino Calderón son las que hacen posible la instalación, en 1881, de la congregación Sacrès Coeurs en Torrelavega. Ocuparán su primera sede en el número dos de la Plaza Mayor hasta que en 1887 construyen un emblemático edificio en unos terrenos propiedad de José de Argumosa en la calle Julián Ceballos. Los estudios que se impartían en régimen de internado eran de cultura general. El internado constituía un elemento educativo muy importante y es partir de 1903/1904 cuando se establecerá el internado llamado Pennsionat des Sacrès Coeurs.

 

            Este era el dibujo de una ciudad que no hacía más que crecer. Atrás quedó la aldea medieval. Después vino la conexión con Castilla y las “vías de ferro” hasta que aquellas gentes, nuestros antepasados, consiguen el Mercado de los jueves y las Ferias ganaderas. Lo demás vendría solo. Quedaba esperar al buen quehacer de “los hombres de mandil y vara de medir”, los comerciantes.

 



La llegada de personas de otras localidades y de otros países enriquece y hace grande a Torrelavega  

Me voy a referir, en este punto,  a la industria de la piel que se crea en la villa de Torrelavega a través de emigrantes franceses que buscan  para instalarse lugares cuya economía principal era la crianza de ganado vacuno. Algunos vieron negocio en un subproducto del ganado, la piel.

            Estos primeros emigrantes enseguida se dan cuenta de las bondades de su experiencia y reclaman a otros familiares que inician el viaje. Este grupo, muy bien organizado, forma una comunidad con importantes lazos fraternales. Se esfuerzan en mantener sus tradiciones hasta tal punto que en las mismas Tenerías Francesas, que es como así se llaman las fábricas de curtidos, celebran las principales fiestas francesas llegando incluso a cantar en algunas de ellas La Marsellesa. Vienen de pequeñas localidades del sur de Francia. Algunos se casan  con mujeres de aquí, otros con hijas de franceses, y casi todos dejan numerosos descendientes que se convierten, la gran mayoría, a la nacionalidad española modificando algunos sus nombres y apellidos.

            De Abense, región francesa de Aquitania llegará la persona que dona el Cristo Yacente a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Abense, era una pequeña población de no más de 650 habitantes en los Pirineos franceses. Allí habían nacido muchos de los Etchart.

            Después de la entrada a la sacristía y antes de llegar a la  escultura del párroco Ceferino Calderón encontramos a la derecha, el Cristo Yacente. Esta figura, esculpida en madera policromada en el siglo XIX, fue donada a la iglesia de la Asunción por el francés Alejo Etchart. ¿Pero Quién era este francés?

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Fábrica de curtidos de Alexis Etchart



            Cuando Thèrèse Mendicouague Aguer (1822-1893), más conocida por “Sallaber”, da a luz en Abense  a Alexis Etchart Mendicouague, su marido, André Arhex Etchart, no pensó que su hijo iba a construir una fábrica de curtidos en Torrelavega. Y mucho menos que iba a donar a su parroquia una imagen tallada del siglo XIX. Por tanto la historia del industrial Alexis Etchart Mendicouague, que en el último tercio de mil ochocientos llega a Torrelavega y construye  una tenería francesa, comienza a gestarse en la región de Aquitania. Allí habían nacido muchos de sus antepasados. Por ejemplo su abuelo, André Arguinsol Etchart,  que había nacido en 1815 y era hijo de Jacques Arguinsol (1785-1855) y de Marie Etchart que lo había hecho en 1790. Estos son los bisabuelos de nuestro benefactor[21].  

            Los padres, André y Thèrèse, contraen matrimonio, el día 24 de junio de 1847, en la iglesia de la villa de Abense de-Haut. Tendrá este matrimonio, además de Alexis, cinco hijos más: Arnaud que lo hará en 1848; Jacques, en1851; Anne en1856; Dominique en 1861 y  André que verá la luz en 1863.

            Los primeros emigrantes que llegan a la antigua provincia de Santander son dos hermanos de la madre de nuestro benefactor, Ambroise  (n.1820) y Jean-Pierre Mendicouague Casenave (n.1833). Pioneros que emigran de Francia e instalan una tenería francesa en el barrio de Pronillo de Santander.  Ellos son los que convencen a su sobrino y ahijado Alexis a iniciar el mismo camino. Aprende el oficio con su tío en la fábrica de Pronillo e instala otra fábrica de curtidos, esta vez en Torrelavega. Lo hace en 1875, cuando contaba  25 años. El lugar escogido fue en la Mies de Vega en una finca llamado “Porreo” que previamente había adquirido. Además, era propietario en Campuzano de un molino de cortezas de árbol, necesarias para el curtido de las pieles. La Tenería de Alexis Etchart llegó a producir más de 20.000 pieles anuales.

            A los cuatro años de haber construido su fábrica decide hacerse una casa donde vivir. En Mies de Vega, como la fábrica, pero más cerca de “La Quebrantada”. Los planos los diseña el Maestro de obras de la villa José Varela.

            Se casó con la francesa Dominique Kiliscabia Erecart y en segundas nupcias con  Antonieta Maytic Chorho, de la misma nacionalidad que la primera. No tuvo descendencia en ninguno de los dos matrimonios.


Plano de la casa de Alejo Etchart


            Fue Alejo una persona de carácter, expeditiva y con mucho genio. Formó parte de los órganos de gobierno de la Sociedad Círculo de Recreo de Torrelavega. Ocupa el cargo de tesorero, llegando a desempeñar la vicepresidencia. Era, junto a Juan Obregón Aguilar y Demetrio Herrero Proigas, uno de los tres propietarios del Teatro Principal. También formó parte de la  Junta Directiva de la Cámara de Comercio e Industria de Torrelavega nada más constituirse. Y por último,  perteneció a la  Asociación Patronal de Curtidores de la provincia de Santander. Además de la fábrica de curtido de pieles y el molino de cortezas, Alejo Etchart Mendicouague regentó desde 1918 a 1923 una “Casa de la Banca”.

            Desde los comienzos se comprometió en la construcción de esta iglesia. Cuando el día uno de  febrero de 1893 se crea la “Junta para la construcción de la nueva iglesia”, que era así como se llamaba, presidida por el párroco  Ceferino Calderón  y siendo su vicepresidente José Fernández Hontoria,  entre los 24 vocales estaba Alejo Etchart Mendicouague.

            En su testamento, que hizo ante el notario de Santander  Juan Arregui el día 20 de octubre de 1923 y que modificó un mes y unos días antes de su fallecimiento, podemos apreciar que era una persona muy religiosa. Dejo establecido lo siguiente:

            1.- “Para el Asilo de Pobres de la ciudad, 25.000 pesetas que serán invertidas en comprar una Lámina Intransferible para que el Asilo disfrute a perpetuidad de   la renta que produzca”.

            2.- “A la Iglesia Parroquial de Torrelavega 10.000 pesetas para que invertidas en Laminas Intransferibles se depositen en el Obispado de Santander y pueda      disponer la parroquia con la sola obligación de decir cada año nueve misas    por mí y nueve por mi esposa Antonieta”.

            3.- “A la Iglesia Parroquial de mi pueblo natal Abenz de Haut 20.000 francos      franceses con la obligación de decir todos los años nueve misas por mí y mi      esposa Antonieta Maytic Chorho”.

            Cuando contaba 78 años, el 25 de noviembre de 1929, fallece Alejo Etchart Mendicouaague  en su domicilio, el segundo piso del número 27 de la calle Posada Herrera de Torrelavega. Sus restos reposan en el panteón familiar de Pedro Mendicouague López en el Cementerio de Ciriego de Santander. Incumpliendo así la cláusula primera del testamento que dice: “ Confieso profesar la religión Católica, Apostólica Romana, encargándoles a mis herederos que manden hacer en el pueblo donde ocurra mi fallecimiento, Torrelavega, un panteón para que en él reposen los restos míos y de mi esposa a perpetuidad”. Esta desobediencia privó a Torrelavega de un bonito panteón.

            Este post es el contenido de una charla que impartí el día 29 de septiembre de 2016 desde el altar mayor con motivo del 115 Aniversario de la inauguración de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Torrelavega.



[1] Casado Soto, José Luis y otros autores; Breve historia del crecimiento de Torrelavega, pág. 2. Imprenta Antonino, 1977.
[2] García García, Manuel; Incendio en la villa de la Vega, 1695, pág. 10. Editorial Hojas de Quercus, Artes Gráficas    Quinzaños,2007.
[3] Según descripción de José de la Cámara, Corregidor de la Villa. Apeo de 1667.
[4] De octubre 1349. Fernández Escalante, Serafín: Medio siglo de Torrelavega, pág. 19.
[5] Del Río Gatoó, Pablo: Torrelavega en su Historia, pág. 42
[6] En septiembre de 1852 Hilario Ruiz Amado, alumno de la Escuela de Ingeniaros de Montes, realizó el plano más antiguo que se conserva de la villa de Torrelavega.
[7] Palabras del escritor Espirón, pronunciadas en el Seminario Pintoresco Español.
[8] Está enterrado en el Cementerio de Geloria, en el panteón adquirido por su padre, Pedro Alcántara Díaz de Labandero.
[9]  Madoz, Pascual: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. 16 volúmenes. Madrid 1845-1850, pág. 280/282, Santander.
[10] Ortega Valcarcel, José: Introducción al Atlas de España de Francisco Coello.
[11] Archivo Histórico Provincial Cantabria, leg. 231, 1ª.
[12] Ver  http://www.torrelavegantigua.com/2013/05/valentin-sollet-alonso-curtidor-y.html
[13] Bustamante Gómez, Tomás; El Banco de Torrelavega 1920/1942. Artes Gráficas Quinzaños, 2009.
[14] Ver  http://www.torrelavegantigua.com/2012/05/jose-molleda-ugarte.html
[15] Ver  http://www.torrelavegantigua.com/2012/04/santiago-sanudo-solorzano.html
[16] Ver  http://www.torrelavegantigua.com/2014/02/cesar-fernandez-fernandez-1882-1949-con.html
[17] Ver  http://www.torrelavegantigua.com/2013/10/isidro-diaz-bustamante-blanco.html
[18] Bustamante Gómez, Tomás; Sociedad Gimnástica Torrelavega, 1907-1920. Artes Gráficas Quizaños,2007.
[19] Ver  http://www.torrelavegantigua.com/2012/03/ramon-miguel-y-crisol.html
[20] Ver  http://www.torrelavegantigua.com/2012/03/el-colegio-de-los-sagrados-corazones.html
[21] Para más información y ver notas de este tercer bloque ver http://www.torrelavegantigua.com/2014/01/alexis-etchart-mendicouague-1850-1929.html